miércoles, 30 de diciembre de 2009
HOY ME DUELE ALGO
Hoy recordé la última vez que te vi.
Hoy traje a mi mente de nuevo esas flores turquesas.
Hoy simplemente te quise olvidar.
Hoy me duele no poderte olvidar.
Hoy traté de recordar tu voz.
Hoy me odio porque no puedo oírte en mis recuerdos.
Hoy recuerdo esas lágrimas.
Hoy me duele no haberte dicho tanto.
Hoy intenté buscar tu perfume en mis recuerdos.
Hoy quisiera recordar tus ojos tristes.
Hoy no quito de mi mente esos fríos párpados.
Hoy me duele recordarte en ese cofre.
Hoy quisiera no haber estado ese día.
Hoy quisiera recordar esos otros días.
Hoy quisiera tener un filtro para mis recuerdos.
Hoy me duele que los recuerdos estén entretejidos.
Hoy vi tu foto y no pude evitar sentirme así.
Hoy intentaré soñar contigo.
Hoy intentaré crear nuevas memorias.
Hoy me duele saber que haré eso porque ya no estás acá.
Hoy recordé tus ropas de tonos fríos.
Hoy recordé lo cálida que eras.
Hoy recordé las veces que estabas ahí.
Hoy me duele que no estés aquí.
Hoy intentaré abrazarte en sueños.
Hoy buscaré tu triste mirada en mi fantasía.
Hoy propiciaré un encuentro contigo.
Hoy me duele que todo eso no sea real.
Hoy me doy cuenta una vez más lo mucho que te necesito.
Hoy daría todo porque estés acá.
Hoy daría todo aunque sólo sea un instante.
Hoy me duele porque eso jamás podrá ser.
Hoy nuevamente dejó caer lágrimas por ti.
Hoy preferiría olvidarte para siempre.
Hoy me odio por pensar eso a veces.
Hoy me duele tener que volver a guardar este dolor.
Hoy me duele algo y mucho a la vez.
Hoy me duele todo y nada a la vez.
Hoy me duele no saber qué es eso.
Hoy me duele algo, yo no sé qué es.
viernes, 25 de diciembre de 2009
EL RELOJ ROTO
Hace algunos años leí en un libro de zoología acerca del reloj biológico de los animales. Ahí se pretendía explicar de una manera sencilla el porqué una ardilla estaba despierta de día y el porqué un búho lo estaba de noche. En ese entonces lo comprendí y pensaba mucho en el reloj biológico de los seres humanos, que muchas veces debido a la rutina diaria, el trabajo o las costumbres solemos ser “diurnos” o “nocturnos”.
Puedes decir: “y… ¿qué hay con eso?”. Pues bien, hace algunos días imaginé ese reloj biológico a una escala mayor un tanto exagerada y alucinada, a decir verdad. Lo que imaginé es que quizás nosotros, los seres humanos (aunque no tan “humanos” a veces) tenemos un reloj biológico que no sólo dicta nuestros horarios de actividades, sino que también nuestra posición en el espacio-tiempo. (Diablos!! Sí que cada día ando con la cabeza más fregada.)
Es muy probable, por no decir seguro, que pienses que me refiero a la predestinación o a un destino prefijado, puedes tomarlo como desees; yo prefiero verlo así: tengo un reloj que se activó en el momento en que nací y dejará de funcionar con el fin de mi existencia. Y a veces comparo las existencias desaparecidas intempestivamente como momentos en los cuales esos relojes se rompieron o quebraron; las muertes repentinas de las personas, prefiero verlas así.
Pero como conmigo las cosas nos suelen ser tan simples, y creo que ya te vas dando cuenta, observé algo más. Mi reloj está descompuesto. ¿Por qué? Porque se activó muy tarde, creo yo. Y aquí es dónde intervienes tú. Esta pregunta se la he hecho a algunas personas, y ahora va para ti: ¿En qué época y lugar te hubiera gustado nacer (o al menos vivir)?. La primera vez que yo me hice a mí mismo esta pregunta tardé horas en intentar ponerme de acuerdo cuando sería ese espacio y tiempo perfecto, no lo conseguí. Sólo pude estar seguro de que no estoy en el tiempo que me “correspondía”.
Y creo que muchos en determinada ocasión o momento de nuestras vidas hemos dicho preferiría no estar aquí y ahora. Yo estoy seguro. Sólo nos queda… resignación?. Creo que puedes ir más allá, tratar de vivir como en el lugar y la época que preferirías haber existido. Suena desquiciado, lo sé y más de lo normal viniendo de mí. No pretendo que incendies tu ropero y te deshagas de toda tu vestimenta “actual” y te lances a la calle con vestidos de la era victoriana, ni que vayas a la playa con esos trajes de baño de a mediados del siglo pasado que eran la expresión misma del pudor extremo. Sólo que intentes vivir sin que este tiempo y espacio te compliquen la existencia. Difícil labor casi imposible, lo sé.
En ocasiones preferiría vivir en la iluminada época griega, en otros en el apogeo del organizado imperio romano, hay días que desearía estar cuando se construyeron esos colosos de piedra en el Cusco. Hablar de qué lugar me gustaría sería un interminable paseo por la historia. Y tratar de vivir a diario como se viviría en esa época es otra tarea casi imposible. Entonces pongámonos de acuerdo, lees esto de alguien desquiciado y te pide cosas casi imposibles!!! Vaya suerte la tuya. Y es aquí donde interviene mi reloj de nuevo. ¿No te dije acaso que estaba descompuesto?
Es por estos arranques de “imaginación” o desquicio, que algunos consideran que ando mal de la cabeza (y no creo que se alejen mucho de la verdad). Sólo trato de hacer y expresar (lo mejor que puedo, o al menos lo intento) lo que pienso y siento, muchas personas en otras épocas lo han hecho y fueron considerados adelantados o atrasados a su tiempo, y es aquí donde quizás comprendas a lo que me refería al decir que mi reloj anda descompuesto.
Hay una mala noticia, mi reloj anda tan descompuesto que quizás no tenga solución. No creo que el más hábil relojero suizo pueda hacer algo. Quizás está descompuesto porque debió ser así. Es posible, que el presente texto te parezca de lo más desubicado, pero en fin. Como dije en algunas líneas, sólo trato de expresar lo que pienso; lo malo es que aún no sé si es por terapia, gusto o venganza. Pero ambos concordamos que mi mente y mis ideas son muy inquietas y están perturbadas.
Puedo decir con mucha seguridad que mi reloj está descompuesto. No hay solución para él. Sólo me queda esperar a que “le pase algo”, quizás ahí mi mente encuentre tranquilidad. Hasta que vea un Reloj Roto. Mi Reloj Roto. El Reloj Roto.
lunes, 21 de diciembre de 2009
LOS ZAPATOS SUCIOS
Hoy intentaba ordenar mi habitación. Ardua labor. Quizás interminable para un día de jornada. A veces tenemos por ley que lo sucio es sinónimo de incorrecto o malo. En un momento me quedé observando unos viejos zapatos negros; unos que en sus buenas condiciones eran mis favoritos por su modelo y color. No recuerdo bien cuando fue la última vez que los usé, pero sí recuerdo los muchos lugares a los que me acompañaron. Cuando los observaba caí en cuenta que uno tenía un poco de cemento en su zuela el otro tenía un poco de barro seco y pasto pegado en una de sus bases.
Me pareció curioso que después de tiempo sigan esos vestigios de mis andanzas por calles que solo me importaban por el tiempo que pasaba en ellas para pensar. También recordaba que en ocasiones iba tan absorto en mis “pensamientos”, que solía terminar en una especie de baile con alguna persona a la que interrumpía su paso; era una danza de incertidumbre, vergüenza y cierto sentimiento de idiotez. Tal vez algunas personas estamos acostumbrados a esas “danzas” con los demás transeúntes, que a veces preferimos tomar precauciones en nuestro trayecto. Pero con esto no trato de hacer una oda a ese calzado viejo ni mucho menos contarles las tonterías que hacía y que suelo hacer cuando camino un tanto distraído.
Al mirar eso que se “pegó” en mis zapatos, pienso en aquellas cosas que se nos “pegan” en nuestro diario existir. Pienso en aquellas frases, gestos, ideas y emociones que adoptamos como nuestras a lo largo de nuestras vidas. Acaso me podrás decir que no se te ha “pegado” alguna frase de tanto oírla, o alguna melodía que por que te fascinó o por costumbre terminaste entonándole muy seguido, o frases que te llegaron muy en el fondo y que las repites constantemente para animar a alguien o burlarte. Pues creo que no, no podrás decir que no.
Creo que a menudo cometemos el error de decir “nuestra vida” o lo “que he vivido”, pero también deberíamos considerar lo que aprendemos de los demás lo que adoptamos como nuestro de las demás personas o cosas, pero que muchas veces olvidamos. Entonces sabemos que hay “huellas” que se quedan en nosotros, eso todos lo sabemos; pero, ¿nos ponemos a pensar en todo lo que encierra? Quizás no, quizás preferimos no hacerlo; por flojera o porque no queremos descubrir lo que en el fondo puede ser ese barro o pasto pegado en nuestro calzado de la vida.
Todo esto es seguro que ya lo sepas, ahora sin ánimos de ser más molesto (o quizás sí, no lo sé), te pregunto: ¿Piensas en las huellas que dejas en los demás? ¿Son dignas de recordar? ¿Crees que preferirían olvidarlas? ¿O simplemente se borraron al poco tiempo de que ya no los frecuentabas? Es probable que digas: “Este tipo es un idiota, escribe idioteces, y pide a la gente que pierda el tiempo con sus ideas estúpidas”. Aunque suene “suicida”, creo que estoy de acuerdo contigo. Pero tómate el tiempo y piénsalo. En esas huellas que han dejado en nosotros y las que dejamos nosotros en los demás. Siempre hay aquellas que preferiríamos no tener. Siempre hay aquellas que hubiéramos preferido que se prolongaran, no podemos hacer nada; o al menos eso creemos.
Mi parecer, en este punto es que para que nuestros “zapatos” estén ahora con nosotros han tenido que recorrer mucho y en ese trayecto hemos tenido que avanzar necesariamente por algunos lugares para llegar a otro. Y así es nuestro vivir, ¿no te parece? Para valorar la felicidad, hemos tenido que experimentar la tristeza; para disfrutar la compañía hemos degustado ese extraño sabor de la soledad; para desear la libertad hemos tenido que encarar el sentimiento de ser prisioneros. Es como si todo fuera una cadena, una larga calle que debemos recorrer para salir a otra nueva. El hecho es que los lugares por donde hemos caminado, los conocen y los recuerdan muy bien, nuestros “zapatos”. Creo que a veces sería bueno verlos y preguntarles (aunque alguien cuerdo no esperaría respuesta, quizás por eso yo sí suelo esperarla) ¿por donde hemos caminado? Tal vez nos hagan recordar que deberíamos recordar, y si en caso recordamos algo que no nos gustó, aprender de ello y tomar medidas para la próxima vez que no encontremos en algún lugar parecido.
Como dije al inicio, para algunos lo sucio es sinónimo de incorrecto o malo; pero creo que en este caso no. Creo que a veces sería necesario pasar un tiempito con nuestros Zapatos Sucios.
sábado, 19 de diciembre de 2009
EL ROMPECABEZAS
No se ustedes, pero yo en mis épocas de infancia solía pasar interminables sesiones de íntegra dedicación a un juego muy particular: Los Rompecabezas. Quizás algunos los conocieron recién en el jardín de infantes o en el mismo colegio; pero yo tuve la fortuna de conocerlos a muy temprana edad, me dijeron que fue a los tres años y medio, masomenos. De todas formas se que al menos en su vida han visto alguno de ellos. Aunque vagamente recuerdo aquellos cuadros en mi memoria, sí puedo asegurar que me sentía muy complacido cuando terminaba de armar un tablero; luego, lo volteaba arrojando todas sus fichas al suelo e iniciaba nuevamente la tarea. Aquellas largas horas en silencio eran muy reconfortantes para aquella mente que en un futuro estaría tan perturbada y en constante desequilibrio. Recuerdo en especial uno de muy grande de sesenta piezas de los Simpsons.
Ver cada pieza causa, creo yo, en quien lo hace, cierta incertidumbre por saber cuál será su lugar. Como siempre hay algo fácil por dónde empezar: las piezas de los bordes. Luego venía hacer que los colores y formas vayan encajando, esta era la parte en la que nuestros ojos tienen que estar atentos y usar un poco de imaginación para visualizar aquella forma que estamos construyendo Al final quedan aquellas piezas de color entero a veces muy problemáticas, dado que, abundaban y podían ir en cualquier vacío. Así se lograba el armado de la figura. Pero no trato con esto de hacer un tutorial de armado de rompecabezas; porque eso de hecho ya lo saben (al menos espero eso), sino que al ver esto pienso que tal vez sería como lo que pasa en nuestras vidas con los recuerdos.
Me explico. A diario vivimos experiencias que simplemente suceden y otras “marcan” nuestro día y a la larga nuestra vida. Aquellos sucesos que simplemente son alegóricos en nuestra existencia son como esas piezas se color sólido que simplemente forman parte del fondo y no tienen trascendencia en la construcción de nuestras vidas (o al menos eso creemos). Las piezas de los bordes son como nuestras vivencias necesarias, dormir, comer, trato con los familiares (que muchas veces algunos preferiríamos obviar), relaciones en el estudio, trabajo, etc. Pues bien aquellas piezas tan coloridas y con formas que son las que nos ayudan a visualizar la imagen para armar la figura final, son los hechos que marcan pauta en nuestras vidas.
Pero esas piezas tan importantes pueden ser de diferente forma y color. Pueden ser momentos felices llenos de la más incomparable alegría y felicidad; pueden ser momentos que sin la necesidad de alguien más sellan algo en nuestras vidas; o pueden ser también los más tristes y desgarradores para nuestras emociones, aquellos que hacen que nos sintamos morir. Los primeros son fáciles de identificar, ¿cierto? Pues ellos pueden ser experiencia con la familia, amigos, momentos que compartimos con alguien más y que muchas veces no queríamos que pasaran. Los otros, son aquellas vivencias que nos tocó afrontar solos aquellas que nos hicieron tomar decisiones para nosotros, quizás leer un libro, ver una película, escuchar una canción en especial. Los últimos, aquellos que preferiríamos no tener, están relacionados con todo lo que hace que no encontremos sentido a nada, creo que no es necesario ahondar en el tema pues todos los reconocemos cuando se manifiestan en nuestra existencia.
Es natural que a muchos o a casi todos nosotros, nos gustaría armar el rompecabezas solo con esas piezas alegres. Pero dime, o al menos piénsalo, ¿el rompecabezas estaría completo? Si falta una sola pieza la figura no se logra. Entonces nuestra vida no estaría completa. Es obvio que nos será fácil colocar las piezas felices, disfrutaremos al colocarlas en el tablero de nuestras mentes. Es probable que colocar los que afrontamos solos y nos enseñan mucho, no nos incomode hacerlo. Pero es seguro, que los últimos son los más complicados de colocar y los que más tiempo nos demanden. Es difícil, lo sabemos, jodidamente difícil hacer que aquellos recuerdos encajen; es doloroso, muy doloroso. Pero pensemos en que si no lo hacemos el objetivo no se cumplirá. Podríamos haber puesto casi todas las piezas, pero esos espacios vacíos delatarán nuestro fracaso. Podemos decir que las piezas no vinieron con el tablero (cuando deseamos con todas nuestras fuerzas que así sea), podremos decir que las piezas se perdieron (cuando quisimos perderlas o las perdimos a propósito) o podremos simplemente arrojarlas a la basura (para tratar en cierto modo de mermar nuestro dolor). Pero el hecho es que nuestro Rompecabezas estará incompleto, esas piezas son necesarias tenemos que superar el reto de colocarlas para lograr el objetivo. De no hacerlo no armamos el rompecabezas. Nuestro rompecabezas incompleto, nuestra vida incompleta.
Si comparto esto contigo es porque es muy probable que mi Rompecabezas terminará con muchos vacíos, he “perdido” muchas piezas; sé que puedo ser contradictorio después de escribir todo esto, pero no puedo hacer ya nada, tal vez trate de buscar esas piezas, pero en fin. Sólo espero que tú no cometas ese grave descuido. Sólo espero que al colocar la última pieza te sientas reconfortado o reconfortada, contemples la obra culminada y disfrutes la sensación de haber culminado con el Rompecabezas de tu vida, tu Rompecabezas.
miércoles, 16 de diciembre de 2009
ELYSIUM
Elysium, o Elíseo en español. Creo que por ser este el primer texto que publico en mi blog, debo manifestar el porqué del título. Muchos, creo yo, hemos quedado fascinados con la magnificencia de la cultura helénica en todos sus niveles; en mi caso debo compartirles que particularmente su mitología ha marcado muchas cosas en mi vida. Algunos quizás recordemos sus historias más representativas, las cuales llegaron a nosotros por tradición oral, o por leer esos clásicos libros como son La Ilíada y La Odisea, o por el cine que encuentran tan rico material para desarrollar las películas. Yo en especial recuerdo una serie un tanto antigua, pero creo que es de las mejores que se hicieron “El Narrador de Cuentos”, debo manifestar que disfrutaba cada capítulo y hasta ahora lo hago cuando puedo ver esas imágenes un tanto añejas y con el audio un poco malo. Si bien es cierto, la serie nos narraba historias de tradiciones y culturas de todo el mundo, pero en especial recuerdo las concernientes a Grecia (Teseo, Edipo, Perseo, sólo por nombrar a algunos). Pero tratando de no extrapolar, y quizás muchos de ustedes saben que lo hago (mil disculpas por eso) iré al meollo del presente texto.
Nuestros amigos helénicos creían en vida después de la muerte, pero claro, no una vida como la conocemos sino algo un tanto metafísico. Es posible comparar esa “vida” con lo que muchas religiones, fes o dogmas conocen como alma. Quizás vemos una vez más esa inmortalidad parcial del ser humano que muchas culturas comparten, pero que creemos que son tan diferentes. Es posible que muchos conozcan el ritual de “entierro” que algunos griegos (entre los que estaban más pudientes, nobles y guerreros) podían hacer, peor para quienes no lo saben o recuerdan ahí va. Se armaba una pila de ramas y madera a forma de hoguera con forma de cama y se colocaba al muerto con dos monedas en los ojos, las cuales le servían para pagar a Caronte el barquero, quien le haría cruzar el río Aqueronte y llegar al Hades, el mundo de los muertos. Ahí, dependiendo de sus obras recibían penas o simplemente era su lugar de eterna estadía.
Pero como en todo lugar, siempre habían personas que en vida habían destacado por sus hazañas en guerra, o porque su vida fue virtuosa. Y para ellos estaba destinado un paraíso, una tierra de paz y felicidad plenas, era una recompensa para aquellos bienaventurados. Elíseo, o los campos Elíseos. Antes de entrar tenían que beber las aguas del río Lete, río del Olvido, para olvidar los pesares de su vida en la tierra. Allí podía encontrarse las almas de los héroes, poetas y sacerdotes, quienes eran libres de proseguir con sus actividades favoritas y las penas y las enfermedades eran desconocidas, en total felicidad, rodeados de hierba, árboles y suaves brisas, y envueltos en una luz rosada perpetua.
Pues bien, quizás digas “este desquiciado, ¿qué tiene con estas historias tan antiguas?”. Puede que suene contradictorio que me declare sin fe alguna, no soy partidario ni simpatizante de un dogma religioso, pero si es que toco este tema un tanto metafísico y espiritual es porque pretendo muchas veces (aunque a veces me es muy complicado) compartir con las personas que para ser felices no basta con pasar buenos ratos, porque un buen rato no necesariamente implica felicidad. Quizás te parezca estúpido lo que haga y diga, y bueno, ¿qué puedo hacer? y tú, ¿qué puedes hacer? Pero el caso es que a veces debemos detenernos y beber, aunque sea imaginariamente el agua del río Lete, olvidar nuestros pesares y tratar de vivir y disfrutar el día, no a lo bohemio o si prefieres sí, el hecho es que me enfoco en tratar de buscar esos Campos Elíseos cada día; y te animo a que lo hagas. Entiendo que puedo ser muy idealista con eso, entiendo también que la vida está llena de problemas y circunstancias que nos lastiman, que este mundo no hace más que destruir nuestra esperanza de que la gente puede ser buena y el mundo un lugar mejor, pero debemos superar todo; pensemos que los problemas se hicieron para resolverse. Busquemos nuestro Elíseo, tratemos de llegar a él cada día, y si vivimos algo malo, tomémoslo como experiencia, tratemos de aprovechar y aprender al máximo de eso que nos ocurrió. Comprendo que a algunos le es fácil hacer eso, comprendo también que a otros nos cuesta sobreponernos rápido, pero sólo nos queda seguir, total de eso se trata la vida ¿no? Y si algo de repente nos hace salir violentamente de “nuestro Elíseo”, intentemos volver a beber esa agua del río Lete. No sabemos que hay después de la muerte, creo que todos sabemos que nada nos llevamos cuando se acaba nuestra efímera existencia en este mundo. A decir verdad no espero llevarme nada, sólo quisiera disfrutar mi estadía por muy corta o larga que sea, lo decidí hace algún tiempo; y lo comparto contigo. Si lo tomas, bien; si no, bien también, no pretendo decir que tengo la razón absoluta de todo, nadie la tiene. Gracias por tomarte el tiempo para leer estas líneas y si vuelves a leer algo acá espero que sea de tu agrado, aunque si no lo es, no podremos hacer nada.
Por último, como dije arriba, busca tu Elysium, intenta llegar a tu felicidad o aproximarte lo máximo que puedas; no sabes cuándo se apagará la vela de tu existencia y quizás puedas ver el Hades o los Campos Elíseos.
Nuestros amigos helénicos creían en vida después de la muerte, pero claro, no una vida como la conocemos sino algo un tanto metafísico. Es posible comparar esa “vida” con lo que muchas religiones, fes o dogmas conocen como alma. Quizás vemos una vez más esa inmortalidad parcial del ser humano que muchas culturas comparten, pero que creemos que son tan diferentes. Es posible que muchos conozcan el ritual de “entierro” que algunos griegos (entre los que estaban más pudientes, nobles y guerreros) podían hacer, peor para quienes no lo saben o recuerdan ahí va. Se armaba una pila de ramas y madera a forma de hoguera con forma de cama y se colocaba al muerto con dos monedas en los ojos, las cuales le servían para pagar a Caronte el barquero, quien le haría cruzar el río Aqueronte y llegar al Hades, el mundo de los muertos. Ahí, dependiendo de sus obras recibían penas o simplemente era su lugar de eterna estadía.
Pero como en todo lugar, siempre habían personas que en vida habían destacado por sus hazañas en guerra, o porque su vida fue virtuosa. Y para ellos estaba destinado un paraíso, una tierra de paz y felicidad plenas, era una recompensa para aquellos bienaventurados. Elíseo, o los campos Elíseos. Antes de entrar tenían que beber las aguas del río Lete, río del Olvido, para olvidar los pesares de su vida en la tierra. Allí podía encontrarse las almas de los héroes, poetas y sacerdotes, quienes eran libres de proseguir con sus actividades favoritas y las penas y las enfermedades eran desconocidas, en total felicidad, rodeados de hierba, árboles y suaves brisas, y envueltos en una luz rosada perpetua.
Pues bien, quizás digas “este desquiciado, ¿qué tiene con estas historias tan antiguas?”. Puede que suene contradictorio que me declare sin fe alguna, no soy partidario ni simpatizante de un dogma religioso, pero si es que toco este tema un tanto metafísico y espiritual es porque pretendo muchas veces (aunque a veces me es muy complicado) compartir con las personas que para ser felices no basta con pasar buenos ratos, porque un buen rato no necesariamente implica felicidad. Quizás te parezca estúpido lo que haga y diga, y bueno, ¿qué puedo hacer? y tú, ¿qué puedes hacer? Pero el caso es que a veces debemos detenernos y beber, aunque sea imaginariamente el agua del río Lete, olvidar nuestros pesares y tratar de vivir y disfrutar el día, no a lo bohemio o si prefieres sí, el hecho es que me enfoco en tratar de buscar esos Campos Elíseos cada día; y te animo a que lo hagas. Entiendo que puedo ser muy idealista con eso, entiendo también que la vida está llena de problemas y circunstancias que nos lastiman, que este mundo no hace más que destruir nuestra esperanza de que la gente puede ser buena y el mundo un lugar mejor, pero debemos superar todo; pensemos que los problemas se hicieron para resolverse. Busquemos nuestro Elíseo, tratemos de llegar a él cada día, y si vivimos algo malo, tomémoslo como experiencia, tratemos de aprovechar y aprender al máximo de eso que nos ocurrió. Comprendo que a algunos le es fácil hacer eso, comprendo también que a otros nos cuesta sobreponernos rápido, pero sólo nos queda seguir, total de eso se trata la vida ¿no? Y si algo de repente nos hace salir violentamente de “nuestro Elíseo”, intentemos volver a beber esa agua del río Lete. No sabemos que hay después de la muerte, creo que todos sabemos que nada nos llevamos cuando se acaba nuestra efímera existencia en este mundo. A decir verdad no espero llevarme nada, sólo quisiera disfrutar mi estadía por muy corta o larga que sea, lo decidí hace algún tiempo; y lo comparto contigo. Si lo tomas, bien; si no, bien también, no pretendo decir que tengo la razón absoluta de todo, nadie la tiene. Gracias por tomarte el tiempo para leer estas líneas y si vuelves a leer algo acá espero que sea de tu agrado, aunque si no lo es, no podremos hacer nada.
Por último, como dije arriba, busca tu Elysium, intenta llegar a tu felicidad o aproximarte lo máximo que puedas; no sabes cuándo se apagará la vela de tu existencia y quizás puedas ver el Hades o los Campos Elíseos.
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