sábado, 19 de diciembre de 2009

EL ROMPECABEZAS



No se ustedes, pero yo en mis épocas de infancia solía pasar interminables sesiones de íntegra dedicación a un juego muy particular: Los Rompecabezas. Quizás algunos los conocieron recién en el jardín de infantes o en el mismo colegio; pero yo tuve la fortuna de conocerlos a muy temprana edad, me dijeron que fue a los tres años y medio, masomenos. De todas formas se que al menos en su vida han visto alguno de ellos. Aunque vagamente recuerdo aquellos cuadros en mi memoria, sí puedo asegurar que me sentía muy complacido cuando terminaba de armar un tablero; luego, lo volteaba arrojando todas sus fichas al suelo e iniciaba nuevamente la tarea. Aquellas largas horas en silencio eran muy reconfortantes para aquella mente que en un futuro estaría tan perturbada y en constante desequilibrio. Recuerdo en especial uno de muy grande de sesenta piezas de los Simpsons.


Ver cada pieza causa, creo yo, en quien lo hace, cierta incertidumbre por saber cuál será su lugar. Como siempre hay algo fácil por dónde empezar: las piezas de los bordes. Luego venía hacer que los colores y formas vayan encajando, esta era la parte en la que nuestros ojos tienen que estar atentos y usar un poco de imaginación para visualizar aquella forma que estamos construyendo Al final quedan aquellas piezas de color entero a veces muy problemáticas, dado que, abundaban y podían ir en cualquier vacío. Así se lograba el armado de la figura. Pero no trato con esto de hacer un tutorial de armado de rompecabezas; porque eso de hecho ya lo saben (al menos espero eso), sino que al ver esto pienso que tal vez sería como lo que pasa en nuestras vidas con los recuerdos.


Me explico. A diario vivimos experiencias que simplemente suceden y otras “marcan” nuestro día y a la larga nuestra vida. Aquellos sucesos que simplemente son alegóricos en nuestra existencia son como esas piezas se color sólido que simplemente forman parte del fondo y no tienen trascendencia en la construcción de nuestras vidas (o al menos eso creemos). Las piezas de los bordes son como nuestras vivencias necesarias, dormir, comer, trato con los familiares (que muchas veces algunos preferiríamos obviar), relaciones en el estudio, trabajo, etc. Pues bien aquellas piezas tan coloridas y con formas que son las que nos ayudan a visualizar la imagen para armar la figura final, son los hechos que marcan pauta en nuestras vidas.


Pero esas piezas tan importantes pueden ser de diferente forma y color. Pueden ser momentos felices llenos de la más incomparable alegría y felicidad; pueden ser momentos que sin la necesidad de alguien más sellan algo en nuestras vidas; o pueden ser también los más tristes y desgarradores para nuestras emociones, aquellos que hacen que nos sintamos morir. Los primeros son fáciles de identificar, ¿cierto? Pues ellos pueden ser experiencia con la familia, amigos, momentos que compartimos con alguien más y que muchas veces no queríamos que pasaran. Los otros, son aquellas vivencias que nos tocó afrontar solos aquellas que nos hicieron tomar decisiones para nosotros, quizás leer un libro, ver una película, escuchar una canción en especial. Los últimos, aquellos que preferiríamos no tener, están relacionados con todo lo que hace que no encontremos sentido a nada, creo que no es necesario ahondar en el tema pues todos los reconocemos cuando se manifiestan en nuestra existencia.


Es natural que a muchos o a casi todos nosotros, nos gustaría armar el rompecabezas solo con esas piezas alegres. Pero dime, o al menos piénsalo, ¿el rompecabezas estaría completo? Si falta una sola pieza la figura no se logra. Entonces nuestra vida no estaría completa. Es obvio que nos será fácil colocar las piezas felices, disfrutaremos al colocarlas en el tablero de nuestras mentes. Es probable que colocar los que afrontamos solos y nos enseñan mucho, no nos incomode hacerlo. Pero es seguro, que los últimos son los más complicados de colocar y los que más tiempo nos demanden. Es difícil, lo sabemos, jodidamente difícil hacer que aquellos recuerdos encajen; es doloroso, muy doloroso. Pero pensemos en que si no lo hacemos el objetivo no se cumplirá. Podríamos haber puesto casi todas las piezas, pero esos espacios vacíos delatarán nuestro fracaso. Podemos decir que las piezas no vinieron con el tablero (cuando deseamos con todas nuestras fuerzas que así sea), podremos decir que las piezas se perdieron (cuando quisimos perderlas o las perdimos a propósito) o podremos simplemente arrojarlas a la basura (para tratar en cierto modo de mermar nuestro dolor). Pero el hecho es que nuestro Rompecabezas estará incompleto, esas piezas son necesarias tenemos que superar el reto de colocarlas para lograr el objetivo. De no hacerlo no armamos el rompecabezas. Nuestro rompecabezas incompleto, nuestra vida incompleta.


Si comparto esto contigo es porque es muy probable que mi Rompecabezas terminará con muchos vacíos, he “perdido” muchas piezas; sé que puedo ser contradictorio después de escribir todo esto, pero no puedo hacer ya nada, tal vez trate de buscar esas piezas, pero en fin. Sólo espero que tú no cometas ese grave descuido. Sólo espero que al colocar la última pieza te sientas reconfortado o reconfortada, contemples la obra culminada y disfrutes la sensación de haber culminado con el Rompecabezas de tu vida, tu Rompecabezas.

1 comentario:

Erikalo dijo...

¿Empezaste con mi tratamiento?, bueno, ¿empezaste con el tratamiento? digo esto porque es como que primero centraras a las personas en lo que es la vida como primer paso (buena manera de comenzar)...
aparte es buena la perspectiva, nunca lo hubiera pensado... osea nunca cruzó por mi cabeza comparar la vida con un rompecabezas... y tu no solo lo hiciste sino que lograste que encajara en la mayoria de los aspectos... sin embargo tengo algunas objeciones... ya hablaremos de eso... me pregunto que pensaran los demás... vamos animense =)Mientras tanto esperaré la siguiente entrada...