miércoles, 16 de diciembre de 2009

ELYSIUM


Elysium, o Elíseo en español. Creo que por ser este el primer texto que publico en mi blog, debo manifestar el porqué del título. Muchos, creo yo, hemos quedado fascinados con la magnificencia de la cultura helénica en todos sus niveles; en mi caso debo compartirles que particularmente su mitología ha marcado muchas cosas en mi vida. Algunos quizás recordemos sus historias más representativas, las cuales llegaron a nosotros por tradición oral, o por leer esos clásicos libros como son La Ilíada y La Odisea, o por el cine que encuentran tan rico material para desarrollar las películas. Yo en especial recuerdo una serie un tanto antigua, pero creo que es de las mejores que se hicieron “El Narrador de Cuentos”, debo manifestar que disfrutaba cada capítulo y hasta ahora lo hago cuando puedo ver esas imágenes un tanto añejas y con el audio un poco malo. Si bien es cierto, la serie nos narraba historias de tradiciones y culturas de todo el mundo, pero en especial recuerdo las concernientes a Grecia (Teseo, Edipo, Perseo, sólo por nombrar a algunos). Pero tratando de no extrapolar, y quizás muchos de ustedes saben que lo hago (mil disculpas por eso) iré al meollo del presente texto.

Nuestros amigos helénicos creían en vida después de la muerte, pero claro, no una vida como la conocemos sino algo un tanto metafísico. Es posible comparar esa “vida” con lo que muchas religiones, fes o dogmas conocen como alma. Quizás vemos una vez más esa inmortalidad parcial del ser humano que muchas culturas comparten, pero que creemos que son tan diferentes. Es posible que muchos conozcan el ritual de “entierro” que algunos griegos (entre los que estaban más pudientes, nobles y guerreros) podían hacer, peor para quienes no lo saben o recuerdan ahí va. Se armaba una pila de ramas y madera a forma de hoguera con forma de cama y se colocaba al muerto con dos monedas en los ojos, las cuales le servían para pagar a Caronte el barquero, quien le haría cruzar el río Aqueronte y llegar al Hades, el mundo de los muertos. Ahí, dependiendo de sus obras recibían penas o simplemente era su lugar de eterna estadía.

Pero como en todo lugar, siempre habían personas que en vida habían destacado por sus hazañas en guerra, o porque su vida fue virtuosa. Y para ellos estaba destinado un paraíso, una tierra de paz y felicidad plenas, era una recompensa para aquellos bienaventurados. Elíseo, o los campos Elíseos. Antes de entrar tenían que beber las aguas del río Lete, río del Olvido, para olvidar los pesares de su vida en la tierra. Allí podía encontrarse las almas de los héroes, poetas y sacerdotes, quienes eran libres de proseguir con sus actividades favoritas y las penas y las enfermedades eran desconocidas, en total felicidad, rodeados de hierba, árboles y suaves brisas, y envueltos en una luz rosada perpetua.

Pues bien, quizás digas “este desquiciado, ¿qué tiene con estas historias tan antiguas?”. Puede que suene contradictorio que me declare sin fe alguna, no soy partidario ni simpatizante de un dogma religioso, pero si es que toco este tema un tanto metafísico y espiritual es porque pretendo muchas veces (aunque a veces me es muy complicado) compartir con las personas que para ser felices no basta con pasar buenos ratos, porque un buen rato no necesariamente implica felicidad. Quizás te parezca estúpido lo que haga y diga, y bueno, ¿qué puedo hacer? y tú, ¿qué puedes hacer? Pero el caso es que a veces debemos detenernos y beber, aunque sea imaginariamente el agua del río Lete, olvidar nuestros pesares y tratar de vivir y disfrutar el día, no a lo bohemio o si prefieres sí, el hecho es que me enfoco en tratar de buscar esos Campos Elíseos cada día; y te animo a que lo hagas. Entiendo que puedo ser muy idealista con eso, entiendo también que la vida está llena de problemas y circunstancias que nos lastiman, que este mundo no hace más que destruir nuestra esperanza de que la gente puede ser buena y el mundo un lugar mejor, pero debemos superar todo; pensemos que los problemas se hicieron para resolverse. Busquemos nuestro Elíseo, tratemos de llegar a él cada día, y si vivimos algo malo, tomémoslo como experiencia, tratemos de aprovechar y aprender al máximo de eso que nos ocurrió. Comprendo que a algunos le es fácil hacer eso, comprendo también que a otros nos cuesta sobreponernos rápido, pero sólo nos queda seguir, total de eso se trata la vida ¿no? Y si algo de repente nos hace salir violentamente de “nuestro Elíseo”, intentemos volver a beber esa agua del río Lete. No sabemos que hay después de la muerte, creo que todos sabemos que nada nos llevamos cuando se acaba nuestra efímera existencia en este mundo. A decir verdad no espero llevarme nada, sólo quisiera disfrutar mi estadía por muy corta o larga que sea, lo decidí hace algún tiempo; y lo comparto contigo. Si lo tomas, bien; si no, bien también, no pretendo decir que tengo la razón absoluta de todo, nadie la tiene. Gracias por tomarte el tiempo para leer estas líneas y si vuelves a leer algo acá espero que sea de tu agrado, aunque si no lo es, no podremos hacer nada.

Por último, como dije arriba, busca tu Elysium, intenta llegar a tu felicidad o aproximarte lo máximo que puedas; no sabes cuándo se apagará la vela de tu existencia y quizás puedas ver el Hades o los Campos Elíseos.

1 comentario:

Erikalo dijo...

Interesnta... me gustan los textos que te enseñan algo más y no solo van de frente al tema y este es uno de esos, además que no te empecinaste como los escritores del barroco en decorar mucho el lenguaje (gracias por eso)... tal vez pueda seguir tu consejo, en realidad me gustaría, pero resulta un tanto dificil empezar, esperare la siguiente entrada para ver si tienes un manual de cómo hacerlo...