lunes, 4 de enero de 2010

EL VIENTO FRÍO SOPLA


El viento soplaba más de lo normal, se sentía frío, pero eso a él le gustaba. Por alguna extraña razón, él sentía cálida esa fría ráfaga que era molesta para el resto. Algunos de sus cabellos se elevaban, como queriendo huir en la misma dirección del viento. Él estaba parado ahí, firme, sintiendo lo del viento pero a la vez con un inmenso vacío en su cabeza; hay algo que ha turbado sus pensamientos, algo que ha nublado su razón y revuelto sus emociones. Sus piernas son fuertes, pero él quiere derrumbarse ahí mismo. Su corazón está acostumbrado a pruebas comúnmente devastadoras, pero ahora se encuentra quebrado. Él quisiera pensar solamente en el viento, pero no puede, lo que sus ojos han contemplado, ha causado todo esto en él.

De repente siente esa cosa que algunos llaman “nudo en la garganta” y se da cuenta que algo dentro de él lo hiere mucho. Mentira. No puede ser cierto. Él ha vivido demasiadas cosas como para quebrarse por eso. Pero…¿acaso habría algo más fuerte e intenso que lo que acaba de vivir? Quizás no, quizás sí. El hecho es que sus ojos se estremecen, arrojan un brillo poco usual, en ellos queda algo que indica que aún tiene emociones; entonces su razón lo traiciona. No puede controlar aquello que creía que ya había dominado. Suspira con cierto temblor en sus labios y acepta que quiere llorar. Su mirada, brillante, insegura y muy oscura, apunta al suelo. Entonces se rinde. Siente cómo ese cúmulo de emociones quiere escapar de su ser a través de sus ojos. Aguarda por las lágrimas en esa fracción de segundo, pero algo pasa. No, algo no pasa. Una repentina sorpresa embarga su mente. Es cuando escucha su propia voz en sus pensamientos, tal vez eso sea lo que llaman conciencia.

-¡¿Qué?!...¿Acaso no puedo arrojar una maldita lágrima?¿Qué demonios me pasa?...¡¿No puedo llorar?!-

Su cerebro está más confundido que antes. Sus ojos parecen querer estallar por todas esas emociones que no encuentran vía para librarse de la prisión de su ser. Sus manos empiezan a temblar. El cielo y las grises nubes enmarcan este momento, otorgándole cierto tinte trágico. Un suspiro más huye de su ser, uno más. No sabe si creer todo lo que en ese momento ve y siente. Parece como si todo fuera un sueño más, pero al parecer eso no es así.

Él recuerda todo lo que ha hecho ese día; recuerda cuando se despertó; recuerda el golpe que se dio en el transporte al trabajo, aún le duele su coronilla. No. Si todo fuera un sueño, sería como la gente dice que son y no sentiría tal dolor. Pero entonces se halla aún más perdido en sus ideas y en su afán por tratar de comprender lo que en ese momento experimenta o cree experimentar.

De nuevo el frío viento intenta rasgar sus mejillas, parece que sólo algunos mechones de su cabello sucumben a esa tan fría y a la vez cálida ráfaga. Un parpadeo parece decir a gritos que no es una roca. Él está ahí, pasmado, silente, tratando de entender qué demonios le ocurre. Su corazón lanza un suspiro que traiciona una vez más su hasta entonces sólida fortaleza emocional. Intenta dar un paso, surge el temor. Ese maldito temor que nos embarga antes de tomar una decisión, antes de hablarle a alguien desconocido, antes de mirar a los ojos de alguien que buscamos conocer más allá de lo superficial; ese maldito temor inunda su ser. Tiene miedo, tiene miedo de acercarse a eso que cree ver pero que se resiste rotundamente a aceptar como cierto.

Levanta la mirada, pero sólo encuentra ese cielo gris que a cada minuto se va oscureciendo más. Hace un esfuerzo y logra presionar fuertemente su puño, ese puño que tanto le costó hacer con su mano derecha. Su ser es un caos. Sus emociones se mueven sin armonía. Sus recuerdos y su realidad se mezclan difusamente en un vaivén sin orden ni razón alguna. No comprende qué le pasa. Su silencio, tan profundo, sólo se compara a sumergirse en el fondo del mar. Su cuerpo comienza a temblar ligeramente. A pesar de estar tratando de entender lo que le ocurre y tener todo ese torbellino de ideas en su mente, puede oír lo que pasa a su alrededor. Una vez más el viento frío llega con violencia.

Continuará.

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