miércoles, 10 de febrero de 2010

LOTO


Algunas ocasiones he deseado dejar todo atrás y simplemente iniciar una nueva vida sin pasado, sin memorias, sin lazos. ¿No has albergado esta idea cuando menos una vez en tu larga o corta vida? Pienso que es muy probable que sí, pero no lo aseguro porque nunca se sabe. Es bajo esta idea que escribo la presente entrada.

Creo que muchos hemos oído hablar cuando sea una vez del loto, ¿cierto? Esa planta acuática con una peculiar flor a la cual se le ha asociado a la meditación y al budismo, con cierto tinte místico e íntimamente relacionado a la cultura oriental de Asia y de la India. Pues bien eso todos sabemos, al menos una pizca, o casi todos; el caso es que leyendo me topé con otro significado de esta peculiar palabrita. Loto también es el nombre de un árbol del norte de África, es de ese Loto del cual quiero hablar.

El loto es una especie arbórea que llega a alcanzar dos metros de alto y produce un fruto muy meloso usado generalmente en la pastelería. Su fruto es una drupa rojiza del tamaño de una ciruela y casi redonda, tiene la pulpa algo dulce. Se dice que los antiguos mitólogos y poetas afirmaban que aquellos extranjeros que comían de su fruto en algún oasis olvidasen su patria.
Muy interesante ¿verdad? ¿No te gustaría probar ese fruto y saber si lo que antaño esos hombres con una gran imaginación decían, es cierto?

A decir verdad a mí sí. Me gustaría que esto fuera cierto, para ir en busca de un árbol de loto y arrancar uno de sus frutos, degustarlo y así olvidar mi patria. Pero al referirme a patria no hago mención de su popular definición como aquella tierra natal o adoptada, al cual un ser humano se siente ligado por diversos lazos. Yo interpreto patria como esa “tierra” de origen, de donde salgo, mi pasado, mis ideales, el lugar del cual surge todo mi ser (no sólo físico sino emocional, espiritual, mental y todo eso). Al buscar algún lazo con esa “patria” lo único que podría hallar serían los lazos emocionales, tanto los buenos y malos (¿qué molesto verdad?). Mi concepto no está muy alejado de su definición ¿cierto? Es este punto al cual quiero llegar.

Quisiera creer que olvidar nuestra “patria” es posible. Intento imaginarme cómo se hubiera sentido algún extranjero errante al comer de ese fruto y no recordar el lugar del que viene, no recordar su génesis, encontrar sus memorias ausentes y sentir que éstas nunca volverán, ver que se encuentre absorto en lo maravilloso que le parece su presente, su realidad. Hallarse ante la posibilidad de forjar una nueva vida sin temor a que los fantasmas del pasado lo persigan, comenzar a escribir su historia en un nuevo libro, dejar que su vida sea en adelante como verdaderamente quiere que sea. Esta persona encontraría la posibilidad de crearse un nuevo mundo interior sin las heridas del pasado y sin temor a no recordar lo bueno que antes pudo experimentar, simplemente por la emoción que le causa vivir nuevas experiencias y por la esperanza que le hace albergar la idea que una nueva vivencia quizá sea mejor que todas las pasadas juntas . Sentir que el dolor que viene será opacado por todo lo bueno que esperamos vivir.

Quiero, como dije unas líneas arriba, creer que esto fuera verdad. Me gustaría olvidar todo lo que antes pasé, lo bueno y lo malo. Me gustaría dejar atrás todas mis memorias e iniciar unas nuevas. Quisiera comer ese fruto y tener todas las sensaciones que antes describí y que las imaginé y ahora anhelo como loco. No me importaría pagar el alto precio que ese dejar todo lo bueno que también viví y el haber conocido a personas a las cuales considero tan maravillosas que desearía haberlas conocido antes; todo eso no me importa. Quisiera que ese pequeño fruto sea como el mar que borra todas las memorias escritas en la arena de las playas de mi mente. Desearía que funda mis recuerdos como un viejo bloque de metal y forje una nueva barra, para hacer con ella algo nuevo, algo mejor. Quisiera simplemente olvidar todo y tratar de empezar una nueva vida. Quisiera que todo esto verdaderamente sea cierto. Y a ti, ¿no te gustaría que esto fuera verdad? Mejor aún, de saberlo ¿intentarías probar ese fruto?
Cómo casi todos los cuentos e historias, quizá no sea cierto, deseo con todas mis fuerzas que no; de este modo me quedaría una pizca de esperanza. Las cosas son difíciles y lo que nos queda para forjarnos una nueva vida es nuestra voluntad, nuestra propia fuerza, nuestros deseos de seguir sin desmayar, sin desfallecer. Tal vez el fruto sólo sea una metáfora en la que el fruto en el fondo representa alguna parte de nosotros mismos, no lo sé; o quizá mi interpretación esté muy pero muy errada, pero quisiera creer que eso es cierto o al menos conservar una tenue esperanza. Trataré de seguir viviendo y si tengo la oportunidad de ver ese árbol tomaré ese fruto, comerlo y ver qué pasa. Tal vez esboce una sonrisa con los resultados, tal vez me quede sorprendido por no saber qué hago ahí. Pero de lo que estoy seguro es que estaré atento a ver si veo ese árbol y le quito uno de sus frutos. Uno de los frutos del Loto.

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