sábado, 20 de febrero de 2010

MI FUNERAL


Ayer fue una noche distinta, muy distinta. Creo que encajaría perfectamente en la repisa de aquellas noches que nunca olvidaré, o las que hasta ahora no quiero olvidar; esas noches que guardan memorias que uno atesora con mucho recelo. Sucede que, creo, hice llorar a alguien a quien estoy conociendo cada vez más. Alguien a quien disfruto conocer cada vez más. Pero a pesar de que el llanto surgió por algo triste, muy triste; curiosamente tal no era sinónimo de calamidad. Ese llanto encerraba cierta felicidad, a pesar de no verlo, lo sentí, lo sentí y me conmovió. Había hecho llorar a alguien (creo) y ese alguien me agradecía. Recordé una entrada que publiqué hace algún tiempo. Ese alguien había mojado sus ojos por mi causa, era consciente de eso y solo diré que no pude ser ajeno a esa sensación.

Luego de eso recordé cosas que había pensado la noche anterior y en ese mismo día. Recopilé todo lo que había inundado mi mente en esas horas, y todo me dirigía a una imagen: un funeral. Mi funeral.

Creo que muchos hemos visto esas “cosas” que ponen sobre la tierra que cubre un ataúd con un cuerpo dentro, un cuerpo que está en eso que llaman el descanso eterno. Esas lápidas. A veces no sólo se suele grabar el nombre que le pertenecía al cuerpo que está en aquel ataúd. A veces, se suele agregar al epitafio alguna frase que la persona que ya no vive solía repetir o creer firmemente. A veces se escribe algún mensaje de los deudos, suelen poner que lo quieren o quienes se encargaron de enterrarlo o hacer grabar la lápida. A veces, aunque son muy pocas, se acostumbra hasta poner un retrato del fallecido. A veces deberíamos tomarnos un tiempo en leer lo que colocan ahí.

Sé que es muy trágico ponerse a pensar en la muerte y en el funeral de uno mismo. Es sumamente depresivo y autodestructivo. Perdóname una vez más por pensar y hacerte pensar en esto, sabes que me refiero a ti. Pero de verdad estos días lo pensé más que antes, más que todas esas tardes tan frías en las que me sumía en una profunda introspección tratando de mirar el futuro en la esfera de cristal que es mi imaginación, jugando a ser adivino, fingiendo ser un oráculo. Y en ese remolino de ideas tan turbias y desequilibradas, imaginé mi funeral.

No es que quiera morir, al menos eso creo, pero imaginé o traté de imaginar ese cuadro. Creo que en verdad lo que hice, fue armar un collage de cómo me gustaría que sea. Vi un recinto como el que las parroquias alquilan a los deudos para velar a sus familiares fenecidos; pero no era una iglesia o algo así, era una casa. Aunque suene disparatado y fuera de lugar, había música. La música que sonaba (o sonará, no lo sé) ya la elegí. Tal música es el soundtrack completo de una película que casi idolatro. Tal película se la hice ver a un muy querido amigo hace poco tiempo. Tal amigo no lo conozco hace mucho, pero creo conocerlo desde antes. Tal amigo ya conoce mi encargo musical. Tal encargo musical se podría interpretar como un profundo deseo aunque no el último. Las personas que estaban (o estarán) ahí no las podía ver, quizá porque no quiero verdaderamente saberlo. Sólo sé que la música sonaba (o sonará).

Siempre he querido que me cremen al morir. Y eso es lo que vi en esa ilusión que al parecer fabriqué. Pero mi funeral no acaba ahí. Esas cenizas, dentro de un recipiente eran llevadas a otro lugar. Una parte de esas cenizas fueron arrojadas luego al mar; otra parte serían enterradas en algún lugar que no sé cuál es. Pero las que eran enterradas, no estarían solas. Habría una lápida que las acompañaría, esa lápida no llevará mi nombre completo como se suele hacer. La lápida tendría grabada una frase. Frase que será tema de otra entrada en este blog. Al pie de tal frase sólo la inicial de mi nombre. Pero todo esto que relato sucede (o sucederá, al menos eso espero) sin ningún sacerdote, cura, pastor, rabino, guía espiritual o algún otro tipo de esa especie. Sin vínculos a ninguna fe, sin lazos con alguna deidad. Luego de que se coloca la lápida, mi lápida, todos se van. Llueve, mejor dicho, deseo con todas mis fuerzas que una lluvia enmarque ese momento. Que una lluvia corone el momento otorgándole cierta solemnidad y aires lúgubres. Y todo el tiempo sonando esas canciones que ya elegí.

Quizá te parezca muy deprimente todo esto, quizá haya hecho que pienses en tu funeral. Lo que pretendía no era eso, sólo necesitaba escribirlo. Perdóname una vez más este capricho, sabes que especialmente lo digo por ti. Pero no quisiera que lloren. Sólo fue un ejercicio para acelerar esa valoración que debemos tener hacia la vida. Dicen que muchos en sus últimos momentos desean vivir más. Tal vez todo esto lo hice para desear vivir más desde ahora.

Como a todos, la muerte me llegará, es inevitable. Pero antes disfrutaré vivir todo lo que pueda, con todas mis fuerzas. Así la muerte no hará que le pida más tiempo, aunque es seguro que lo desearé. Pero así aunque sea breve, me reiré de sus planes. Por eso es probable que lloren poco en mi funeral. Gracias por leer todo esto. Esto se lo dedico a alguien, ese alguien sabe que me refiero especialmente a su persona. Siento que estas palabras sean hirientes y esperanzadoras a la vez. Sólo quería compartir esta visión que tuve o fabriqué (no lo sé), sólo quería que sepas como será (o me gustaría que sea) mi funeral.

1 comentario:

nadie! dijo...

Aunque quisiera ,no puedo llorar en peliculas algo tristes o en algunas situaciones de la vida.Pero tu ya lo lograst mas de una vez, no tengo muy en claro cual es la razon, pero una vez mas te lo agradesco.